Mantenimiento de la piscina para evitar daños a la salud

En esta temporada de verano una de las mejores opciones para divertirse es la piscina. Sean unos minutos de relajación o para mantenerse activo, es la excusa perfecta para llevar a cabo actividades físicas beneficiosas para todas las edades. Sin embargo, las piscinas también contienen ciertos riesgos para la salud, entre virus, parásitos, hongos o infecciones que amenazan con el bienestar de quienes buscan disfrutar de un día al aire libre.

Los usuarios de las piscinas pueden dejar gérmenes en el agua que, con las altas temperaturas hace más fácil que estos se reproduzcan y contagien a aquellas personas cuya inmunidad sistémica y local se encuentre debilitada. Ducharse antes de meterse en el agua contribuiría a eliminar el traslado de gérmenes a la zona de baño, pero no siempre se cumple con esta responsabilidad.

Por tanto, tener en cuenta determinadas medidas de prevención e higiene evitará que un soleado día de piscina termine en consecuencias negativas. Para la limpieza de piscinas realizan dos tipos de tareas. Por un lado, la limpieza diaria de las instalaciones y la limpieza de temporada o anual de su interior.

Para esto se utilizan una gran diversidad de productos, como desincrustantes, anticorrosivos, detergentes, antioxidantes o biocidas, para poner a punto el agua y eliminar cualquier microorganismo. La limpieza del interior conlleva el vaciado total del agua de la piscina mediante bombas y la consecuente limpieza con detergentes ácidos.

Uno de los mayores riesgos que sufre el trabajador es la posibilidad de inhalar el vapor que desprenden estos detergentes, que son nocivos y tóxicos y pueden atacar a la piel, ojos y vías respiratorias. Por tanto, requieren una protección integral que consiste en un buzo que protege de proyecciones químicas, gafas estancas, máscara completa y calzado especial.

Otro de los riesgos sería la posibilidad de un incendio raíz de un fallo eléctrico o un corto circuito en el cuarto de motores o por la iluminación de la piscina, lo que podría provocar hipoxia o falta de oxígeno, así como inhalar los vapores de los productos tóxicos almacenados.

A pesar de todo ello, según un estudio de Mapfre sobre la situación del sector de mantenimiento y conservación de instalaciones acuáticas en materia preventiva, el riesgo más común de accidente para los trabajadores de este sector con un 27% es el riesgo de caídas, seguido de golpes y cortes con un 21% y la exposición a productos químicos con un 11%.

Por otra parte, el proceso de cloración del agua es un tratamiento desinfectante y el más utilizado en las piscinas ya que cuando se añade al agua, este reacciona con las sustancias disueltas en ella como materia orgánica y amoniaco, generando cloramidas, dando lugar a la desinfección del agua.

Cuando se aplica este producto se puede estar expuesto a inhalar los vapores y sufrir, entre otros, problemas respiratorios. Para prevenir posibles riesgos derivados del uso del cloro en las piscinas, se deben de tener actualizadas las fichas del producto que se utiliza, así como un manual o instrucciones de su correcto uso.

Además, de utilizar el producto en un espacio con una correcta ventilación o en su defecto que disponga de extracción de aire, se usarán equipos de protección individual como máscaras especiales para cloro y gafas panorámicas ajustas a la cara con banda de caucho, como un sólo equipo.

Para la limpieza de piscinas se debe de tener una formación adecuada para un correcto manejo de productos y evitar riesgos para su salud y para aquellos que usarán la piscina. Una pequeña subida de los niveles de cloro puede producir accidentes al contacto con los ojos, como conjuntivitis irritativa y poner en riesgo la integridad del epitelio corneal.

Y es que el cloro que se utiliza como agente antibacteriano, produce una irritación química de la conjuntiva, de ahí que sea recomendable el uso de gafas de buceo o natación. Los oftalmólogos señalan que en verano se incrementan las “conjuntivitis de piscina” un 20 %, con enrojecimiento de los ojos, escozor, sensación de arenilla y cuerpo extraño, hipersensibilidad a la luz (fotofobia) y lagrimeo.

En verano son muy frecuentas los casos de tiña del pie (hongos en los pies o pie de atleta) por el mayor uso de las instalaciones acuáticas y porque las condiciones ambientales (calor, humedad por sudoración) favorecen la proliferación de los hongos. Estos se manifiestan por la aparición de picor, enrojecimiento y fisuras entre los dedos de los pies.

Este problema suele tratarse con medicamentos antifúngicos, en crema o en comprimidos, según la extensión de la infección. El riesgo de contagio por hongos puede prevenirse utilizando siempre sandalias, lavándose bien los pies tras el uso de estos espacios, secándolos bien y aplicando polvo desodorante, que elimina el exceso de humedad.

Fuente del artículo de Prosemedic:
Naisa

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