Síntomas de la fiebre y cómo tratarla

Ante cualquier tipo de infección, como los ataques virales o bacterianos, el cuerpo humano reacciona para defenderse y uno de los síntomas más frecuentes es la fiebre, la cual es una señal de alarma que emite el organismo para avisar que algo está ocurriendo, además los cambios fuertes de temperatura u enfermedades con síntomas febriles también hacen que se eleve la fiebre.

Tradicionalmente existen 4 lugares para medir la temperatura, el tímpano, la boca, la axila o el recto, y aunque no existe una temperatura ideal, sino que depende de cada persona, se considera que entre 36 y 37 °C en términos generales está estable, mientras que al alcanzar los 38 °C tanto en niños como adultos ya puede hablarse de fiebre.

La cifra intermedia se llama febrícula, que no es más que un aumento de temperatura sin que llegue a ser fiebre clara y evidente. Al paciente con fiebre hay que tratarlo siempre, y ver si es capaz de llevar un ritmo normal o está incapacitado, naturalmente el paciente debe mantener reposo. Si la fiebre es de origen infeccioso habrá que buscar el origen para poder indicar un tratamiento.

También pueden aparecer pequeñas alteraciones de temperatura sin que lleguen a implicar enfermedades. Por ejemplo, se sabe que las mujeres, el día en que comienzan la ovulación, aumentan su temperatura corporal en medio grado. En el caso de los niños que se encuentran muy activos, su temperatura se eleva, pero no por complicaciones de salud, sino que es una respuesta de su actividad física.

Por otro lado, un niño presentando la misma temperatura estando en reposo, puede llegar a quejarse, llorar o estar irritable, así que la primera medida sería evaluar el comportamiento general del niño antes de hacer un posible pronóstico de su estado de salud, y en el caso de que las condiciones de malestar empeoren, se debe iniciar un tratamiento.

A pesar de que la fiebre sea algo beneficioso como método de información de que algo no va bien en el cuerpo, no hay que olvidar que tiene un consumo para el organismo y que conlleva una serie de complicaciones, y por ello se debe buscar bajar la fiebre para evitarlas.

En los niños la mejor forma de bajar la fiebre en un principio es con un baño con agua que se vaya enfriando poco a poco que a su vez enfriará la temperatura del cuerpo del niño, aunque no debe durar más de 30 minutos. Si no se dispone de bañera, los paños húmedos en la frente también ayudan.

Si se buscan métodos menos tradicionales para tener más opciones habría que suministrar antitérmicos, como paracetamol, ibuprofeno y ácido acetil salicílico, siendo estos los más comunes. Para los pequeños también hay jarabes y gotas, y los adultos pueden optar por comprimidos y supositorios, y esperar una mejoría. Si no hay cambios y los síntomas persisten, es mejor acudir a consulta médica.

El acudir al médico por una fiebre debe ser bajo una real preocupación, es decir, que los síntomas de malestar excedan más de un par de días y que no exista una mejoría. Si la fiebre se mantiene en 38,5 °C o si llega a los 40 °C definitivamente es necesaria atención médica ya que podría resultar en una complicación que requiera otros enfoques más allá de los tradicionales.

 

Fuentes del artículo de Prosemedic:
Vivir Mejor

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